Siendo un arduo fan de Star Wars desde que tengo uso de razón, y más aun de la interpretación de Harrison Ford como Han Solo, pensaba (o pienso) que esta película era innecesaria. ¿Innecesaria?, me preguntarán una y otra vez, y siempre diré que sí. Es innecesaria en el sentido de que esta película no le añade nada al personaje de Han Solo. Sin ella o con ella, nuestro amor hacía el presumido que conocimos en la cantina de Mos Eisley no cambia.

Muchos dirán, ¡pero son las aventuras de Han Solo antes de unirse a Luke y compañía! ¿Cómo no te puede gustar? Noobstante, el problema no es ese, sino el misticismo a que se alude en la saga original que recae en: como Han conoce a Chewie, como Lando y él se vuelven “frenemies”, como gana el Millenium Falcon, y el misterio de que es el Kessel Run, pues se pierde.
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Se pierde, porque todos estos momentos son expuestos en pantalla sin dejar nada a la imaginación. Para mí, nada le gana a la imaginación, que llena lo desconocido con lo más grande y fascinante, de otro modo, nuestra niñez y fanatismo crean su propia historia de fondo. Uno sabe que Han Solo es cool no porque sabemos su pasado, sino por lo badass que puede ser (claro está, ser Harrison Ford ayuda). En un universo lleno de personajes extraordinarios, villanos icónicos, el que se supone es el personaje más ordinario es quien cautiva, porque al igual que The Man With No Name en A Fistful of Dollars o The Bride en Kill Bill, el saber el mínimo de su pasado -sin mucha exposición- ayuda a mover la historia y nos mantiene cautivados.
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Pero volviendo a la película, esta es puramente para complacer, tanto de que después que despidieron a los de The Lego Movie, ¿a quién contratan? A Ron Howard, el director que se puede definir como “sus películas son buenas pero nada fuera de este mundo”, digo, sin contar Rush (¿vieron Rush? esa es historia para otro día, pero véanla). Entonces, es esa misma definición que se ha expuesto, la que encapsula la película de Solo: buena, pero nada fuera de este mundo (obviando una escena en el último acto que no les quiero “spoilear”).
No se los voy a negar, cuando pasaron muchas de las cosas que se aludieron en la saga original, tenía una sonrisa de oreja a oreja y, aunque hubo ese giddy factor, fue más porque todos estos personajes fueron parte de la infancia de uno y ya se conoce el destino de cada cual. En gran parte, también esto se debió al elenco y a la química que demostraron.
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Sí, yo soy el primero que pegué el grito cuando dijeron que alguien más haría de Han Solo (¡esto no es James Bond!); pero ya hice las paces con ello. Les digo, piensen que este Han viene del multiverso o de una galaxia alterna (igual que el canon antiguo, ¿le podríamos poner el sello Legends a este Han?). En toda seriedad, Alden Ehrenreich jamás se comparará con Ford, pero hace un trabajo competente (¿ven un patrón?). Tiene su propio estilo con sutiles manerismos prestados de Harrison Ford, que sirve un poco para presentar su ingenuidad y lo que le falta por crecer (bueno…el hecho de tener 28 años, mientras que Ford tenía 32 en la primera Star Wars -lol-).
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Aunque los standouts son Lando Calrissian y su compañera droid L3-37. Donald Glover le imparte el mismo carisma que Billy Dee Williams, pero le inyecta una presunción con aires de playboy al personaje que es bienvenida, y a pesar de que no es una precuela, Lando ya presenta un world-weariness (o ¿sería galactic-weariness?), que deja entrever que para Lando esta es una aventura más de tantas. En unas simples líneas de Qi’ra, el personaje interpretado por Emilia Clarke: “[…] sabemos todo de él”. Algo que debieron hacer con Han Solo, en vez de tanta exposición (¿en serio? ¿Un guardia imperial le pone el apellido de Solo, porque anda literalmente solo? ¡¡¡WTF!!!)
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Y hablando de Qi’ra, por primera vez Emilia Clarke tiene un papel decente en el cine (¿se acuerdan de Sarah Connor? Bueller, Bueller). En momentos parece que invoca a Daenerys Targaryen, ya que sufre el problema que tienen los actores de televisión de nunca desligarse de sus personajes (excepto si te llamas Benedict Cumberbatch o Peter Dinklage), pero si solo vemos destellos de lo que pudiera ser su personaje y no pasa de competente hasta que ocurre un twist que uno no se esperaba. No se los voy a spoil…¡¡¡DAENERYS TRABAJA PARA DARTH MAUL!!!
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En el mejor momento de la película, todo lo que era canon en las series de Clone Wars Star Wars: Rebels se vuelve canon en el cine. Darth Maul está vivo, maneja el sindicato de crimen Crimson Dawn (el amanecer rojo…¡yay, exposición!); y posiblemente Dany es una de sus aprendices (¡¡dun, Dun,DUN!!). Y con esta revelación el universo de Han Solo se abre y alude a lo que pudiera ser una mejor película en forma de secuela. Una que no estuviera atada a lo que ya conocemos del scruffy nerf herder favorito de la galaxia (aunque si el box office sigue como va, solo será un sueño).

  • Y sip, Woody Harrelson está en la película haciendo de Woody Harrelson (digo Tobias Beckett); que nunca es cosa mala. Thandie Newton es desperdiciada como el token black guy/esposa que no tiene que morir, pero (ya lo adivinaron) muere.
  • Paul Bettany, mejor conocido como Jarvis o Vision, es apenas un blip como el capo Dryden Vos. No se sientan mal, por lo menos tenía unas dagas de lo más aquel.
  • También hay un subplot con un personaje llamado Enfys Nest, que al final termina siendo un tween de raza mixta. Recalco esto porque cuando ocurre la revelación, yo como espectador pensé que sería la hija perdida de Woodie Harrelson o Thandie Newton (-sigh- no es el caso). Contrario a esto, otra exposición que sirve para recordarnos que todas las películas de Star Wars de una forma u otra tienen que ver con el Imperio y la Rebelión (cuando la vean tendrán la misma decepción y WTF que yo).
  • Phoebe Waller Bridge (excepcional en la serie de Amazon Fleabag) le da vida a L3-37, piensen en Dobby de Harry Potter con sabor a droid. Hasta tiene una muerte larga y tendida en brazos de su pseudo amo/amigo Lando.
  • Pobre Chewie, lo deje fuera de la reseña, pero ya está acostumbrado. Ni medallas le dan15