Bloodborne y la obra maestra de H. P. Lovecraft

En lo que a videojuegos se refiere, pocos han conseguido plasmar la verdadera esencia del terror cósmico propio del maestro Lovecraft. La mayoría de estos títulos usaban la excusa de tener a Cthulu como jefe para dárselas de profundos y oscuros.

No sería hasta el 24 de Marzo de 2015 que From Software estrenaría su nueva licencia, Bloodborne. Este juego de rol, estilo «souls» y con temática victoriana, tiene oculto en su interior mucho más de lo que aparenta a simple vista.

Toda la historia gira en torno a la sangre y a la enfermedad de la misma, pero todo esto es influencia de los dioses que dictan el porvenir de Yharnam y sus lugareños. Podría ponerme a explicar toda la historia, sin embargo, es mucho mejor si la desentrañais vosotros mismos. Entonces, en lo que sí me voy a centrar es en un asunto en concreto: los dioses.

Si alguno ha tenido la suerte de haber leído algo de H.P. Lovecraft sabrá de los terrenos en los cuales nos movemos, ante el poder de seres que existen desde antes que nosotros y que seguirán ahí cuando la humanidad dé su último suspiro. En Bloodborne nos encontramos en esa misma situación de pesadilla, pero siempre con la sensación de que hay algo más, algo que no deja estar tranquilos.

El escenario juega un papel fundamental para cimentar todo ese misterio y horror, ya que nos encontraremos con lugares lúgubres y apagados. Sin mencionar esos otros que os harán volver a casa con mamá, como por ejemplo, la pesadilla de Mensis. Igualmente, la música ausente durante todo el juego hasta que nos topamos con un jefe, entonces os deleitareis con las mejores soundtracks que jamás hayáis escuchado.

Las criaturas dantescas también son clave para enriquecer más esta experiencia lovecraftiana, pues lo bizarro llega al punto de poner como jefe a un feto abortado traído de nuevo a la vida con magia negra, conviertiéndolo en una amalgama amorfa de sangre y vísceras.

Por otra parte, no basa su miedo en soltarte «screamers» cada x segundos, más bien, deja que te recrees en él y que sientas esa atmósfera asfixiante y desconocida. Ese desconcierto de no saber qué puede estar acechando detrás de cada esquina, pero ya no solo con miedo, sino con esa curiosidad morbosa que puede costarte la vida.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.