En 1945 finaliza la Segunda Guerra Mundial, y da origen al nuevo orden mundial, dominado por los estadounidenses en un lado, y los soviéticos en el otro. Una lucha ideológica que da lugar a una carrera armamentística sin precedentes, gracias en parte a los esfuerzos socialistas por conseguir la bomba atómica, misma que los americanos habían logrado desarrollar exitosamente.

Ahora que hemos entrado en contexto, es momento de hablar del lado soviético. Consiguieron desarrollar armamento nuclear en 1949 en una variedad de instalaciones esparcidas a lo largo y ancho del extenso territorio de la URSS. Una de estas instalaciones es la ubicada en Mayak, una serie de complejos militares localizados entre dos ciudades de Chelíabinsk, en la actual Rusia. Esta serie de edificios fueron construidos en un plazo de tiempo que abarca desde 1945 hasta 1948, en total secreto y con toda la celeridad posible.

El área de Kyshtym actualmente

Hay que tomar en cuenta que se trataba de mediados del siglo XX y que, bien o mal, los científicos soviéticos veían su trabajo dificultado por la gran cantidad de lagunas presentes en el estudio de la energía nuclear. Debido a esto, no se tomaron muchas precauciones al momento de diseñar las construcciones, ni se hicieron muchas contemplaciones al tratamiento de los residuos de la producción de material nuclear.

Solo por mencionar un ejemplo de lo anterior, basta mencionar que en un principio, el sistema de enfriamiento de los seis reactores era de ciclo abierto y que los residuos se arrojaban directamente al lago Kyzyltash. Pero volviendo al tema original, en 1957 tuvo lugar en estas instalaciones uno de los peores accidentes nucleares que ha habido hasta la fecha, solo por detrás de Chernóbil y Fukushima. Este incidente pasó a llamarse el desastre de Kyshtym. El 29 de septiembre de 1957, veintidós pueblos completos fueron evacuados en un lapso aproximado de diez horas sin ninguna explicación de por medio. Todo el ganado fue sacrificado y quemado, y a ningún habitante se le permitió llevarse nada más que lo puesto, por temor a la contaminación.

En total, aproximadamente 10 mil personas habían sido evacuadas sin ninguna explicación y de forma apresurada.

Mapa del alcance de contaminación estimado.

Unas horas antes, en Mayak todo transcurría como de costumbre, hasta que un tanque de refrigeración explotó, con una fuerza de entre 70 y 100 toneladas de TNT. Debido a esto, la barrera de hormigón que contenía el material nuclear terminó estallando y liberando la mitad del contenido al medio ambiente. La razón oficial de esta explosión se achaca los defectos de un segmento del sistema de refrigeración que había fallado previamente, en 1956, y que nunca fue reparado. De la misma forma, los reportes oficiales mencionan que no hubo muertes directas provocadas por el incidente, y aunque por lógica se podría suponer que si las hubo, nadie iba a quererlo decir.

En las décadas posteriores, la Unión Soviética se encargó de silenciar cualquier mención siquiera del incidente y sus consecuencias, entre las que podemos destacar una exposición a radiación peor incluso que la de Chernóbil. La cuestión realmente fue, ¿por qué callar ante un desastre así? Bien, la primera respuesta podría ser que se trataba de instalaciones militares secretas, que, para colmo, se dedicaban a producir armamento nuclear. Pero también se debería a que en aquél entonces los efectos de la radiación en el medio ambiente eran relativamente desconocidos, por lo que esperaban que cualquier anormalidad pasara desapercibida.

No fue hasta 1976 que se hicieron vagas referencias a que podría haber problemas causados debido a la contaminación liberada, pero aun hoy, el número de víctimas es desconocido; no obstante, se estima que la cantidad de muertos asciende a más de 8,000 (cálculos logrados gracias al estudio epidemiológico de enfermedades producidas por la radiación en el área).

Placa memorial de Mayak

Para terminar, quisiera añadir un dato curioso al respecto; se cree que la CIA también se enteró de esta explosión nuclear, pero prefirieron guardar silencio por temor a la histeria colectiva que podría producir en la población el temor a un suceso de similar magnitud en territorio americano.