American Gods, se trata de creer

Los dioses viven entre nosotros, y siempre han estado ahí, como una representación de la memoria colectiva de la humanidad. De ahí surgen sus poderes, y de ahí obtienen la energía que necesitan para vivir. Se mueven de nación en nación, allá donde haya alguien con fe y que crea en sus cultos. Partiendo de aquí, queda preguntarse, ¿qué pasa cuando los viejos dioses llegan a América?

Partiendo de la premisa planteada arriba, la historia sigue los pasos de Shadow Moon (Ricky Whittle), al momento de salir de prisión, después de tres años, y con la noticia de que su esposa y su mejor amigo acababan de fallecer en un accidente de tráfico. Es ahí en donde se aparece Mr. Wednesday (Ian McShane), ofreciéndole un nuevo trabajo, como su guardaespaldas.

Durante los siguientes episodios, Amazon nos presenta las formas físicas de aquellos dioses que han existido dentro del imaginario colectivo, así como de otros seres, tales como los jinn o los leprechauns, los genios árabes o los duendes malditos, respectivamente. A modo de trama paralela, por su parte, vemos que ha sido de Laura Moon (Emily Browning), la difunta esposa de Shadow, y su búsqueda por volver a la vida y reunirse con él.

La serie, como muchos saben, se encuentra basada en el best-seller del mismo nombre, escrito por Neil Gaiman. Hay que resaltar el hecho de que el mismo escritor es uno de los productores de la serie, por lo que la serie respeta varios de los elementos originales, aunque, como en el caso de Game of Thrones, los sucesos se dan de forma diferente a como son mencionados en las versiones impresas.

El estilo de fotografía así como el sonido resultan por ser aspectos bastante cuidados dentro de la serie, y que marcan una gran diferencia al momento de separar a los dioses nuevos de los antiguos. La forma de estructurar la serie nos permite adentrarnos en el pasado de los dioses antiguos que aparecen en algún determinado momento, nos dan la oportunidad de conocer un poco más del legado que añoran, y que desean restaurar, dando origen a todos los sucesos que desencadenan la trama central.

Como extra, hay que añadir lo bien logrado que resulta el traer la trama del libro a la pantalla, no solo en el aspecto de efectos visuales -que no son lo mejor, pero tampoco resultan tan falsos como en otros casos-, sino también el hecho de que el libro fue escrito allá por el 2001, y las tecnologías y medios de comunicación han cambiado bastante en más de una década. Este tipo de cambios se notan principalmente en la apariencia de los nuevos dioses, siendo quizás el más notorio Technical Boy (Bruce Langley), cuya apariencia y forma de hablar se apegan bastante a la de cualquier adolescente actual.

No pienso ahondar demasiado en el aspecto de “Diferencias con respecto al libro” porque, aunque si las hay y a veces cambian un poco los aspectos de cómo se desarrollan las cosas, hay que tener en mente que solo está basado, y no es una copia fiel al 100%. Para finalizar, tengo que añadir que en este caso los malos son bastante cool, así que mi bando ya está elegido, ¿y el de ustedes?

La búsqueda por restaurar el bastión

Bastion es un RPG indie de 2011, opera prima de Supergiant Games, publicado por Warner Bros. Interactive Entertainment, y que actualmente se encuentra disponible para la mayoría de las plataformas.

Lo que principalmente lo hizo destacar fue su estilo artístico así como la cámara isométrica, que nos daba una perspectiva diferente del entorno que nos rodeaba.

En Bastion nos ponemos en los zapatos de The Kid, un chico de pelo blanco que se despierta en una roca flotante, en donde el suelo aparece a nuestros pies al momento de caminar. Durante nuestras andanzas escuchamos la voz del narrador, quien nos da detalles de cada acción que hacemos, y si bien al principio esto podría resultar fastidioso, conforme pasa el juego deseamos escucharlo cada vez más, para conocer más detalles del mundo que nos rodea.

La campaña resulta más bien solitaria, no hay muchos NPC y la mayoría de éstos seguro que tratarán de atacarte. No obstante, y como mencioné anteriormente, su estilo tan bello y lleno de colores lo hace destacar, dándole un tono un tanto infantil, aun cuando al avanzar en la trama nos damos cuenta de que quizás no lo es tanto.

El apartado musical es bastante destacable y con influencias bastante notorias en determinadas zonas, como country y folklore oriental. Por su parte, no hay voces dobladas, lo cual, para un purista como su servidor, es una bendición.

Es un hecho que tenía tiempo sin tocar este título –siendo honesto, desde que lo adquirí allá por 2011- y sin duda fue un craso error. A lo largo de estos seis años se han ido añadiendo zonas a “Quién sabe dónde” (Who Knows Where). Estas zonas amplían la historia de los personajes que hemos ido conociendo a lo largo de la campaña, permitiéndonos conocer un poco más de sus pasados, logrando encariñarnos de poco en poco.

Algo que ya estaba cuando jugué por primera vez y que también hay que destacar, es la presencia de “dioses”, cuya función principal es hacer más difícil el juego, de forma similar a los cráneos de Halo, en un intento de añadir replay value al título, esto debido a su corta duración, de aproximadamente 4-6 horas, dependiendo de nuestro estilo de juego. Hay que decir que este viene a ser el punto más débil de este título, no obstante, al tratarse de un indie, creo que podría ser algo que puede pasarse por alto.